REALIDAD ECONOMICA EN VENEZUELA A COMIENZO DEL 2013



El país necesita ajustar su moneda al valor real y asumir los costos de su mala conducta.

Devaluar no es una decisión "cool" que se toma para agradar a la gente, como cuando le repartes populismo. Equivale a operarse y eso duele. Lo haces porque no te queda más remedio y en el caso de la devaluación, por culpa de un problema que el mismo Gobierno generó.

Devaluar es reconocer la depreciación ya ocurrida en la moneda (pérdida intrínseca de su valor en referencia a la moneda extranjera). Un gobierno puede retrasar la devaluación (con todos los costos que esto acarrea), pero la depreciación ocurre indeteniblemente cuando las políticas son malas. El no devaluar cuando la moneda está ya depreciada, como ahora, genera costos mayores a los que se pretende evitar. Uno de los más importantes es la hiperestimulación de la demanda de divisas baratas. Un ejemplo lo teníamos en el 4,3 Bs/$ de Cadivi y el 5,3 Bs/$ de Sitme. Era obvio que a esos precios absurdos, la demanda era infinita. Lo observas en el comportamiento de las importaciones, que llegaron a superar los 56 millardos de dólares, batiendo el récord histórico del país. ¿En 2012 los venezolanos comieron más, se vistieron más o se lavaron más el pelo que al año anterior? Claro que no. 

Las importaciones desbocadas no intentaban cubrir la demanda física de bienes sino la obtención de dólares regalados. Los resultados son evidentes: 1) destrucción de la capacidad productiva interna por competencia desleal, 2) sobrefacturación de mercancías, 3) corrupción en las asignaciones de divisas y 4) valoración a precio de mercado negro en mercancías que recibían dólar oficial para proteger costos de reposición inciertos.

El ministro Giordani tiene razón cuando indica que el país no necesita esa magnitud de importaciones, que es insólito que el país importe hasta el arroz y que hay personas que se aprovechan del control para hacerse ricos ilegalmente. Las preguntas relevantes son: ¿por qué?, y ¿cómo resolverlo?

El "porqué" está clarito: la sobrevaluación y el control de cambios. La solución correcta entonces es devaluar y abrir mercado, justo lo contrario a lo decretado recientemente cuando decidieron aplicar una devaluación "pírrica" que mantiene la sobrevaluación intacta y recrudece el control, dejando en el Estado la responsabilidad exclusiva de la asignación de divisas. Es como ponerle gasolina a la candela (por cierto, también absurdamente regalada).

¿Tienen ustedes dudas de que 6,30 Bs/$ es un precio ridículo? Ofrézcanle a su vecino dólares a ese precio y vean qué les dice (estará dispuesto a vender lo que sea para comprarles lo que tengan). A ese precio la demanda sigue siendo infinita y el problema permanece igual. El Gobierno ha dicho que decidirá a quién, cuánto, cuándo y para qué entregará divisas y con eso garantizará las necesidades del pueblo. Suena hasta bonito. Uno tiende a enternecerse ante tal demostración de bondad ingenua.

El problema es que no existe ninguna experiencia exitosa de un país que haya jugado a ser Dios decidiendo qué es lo que sus ciudadanos necesitan, cuándo y para qué, ni que haya controlado discrecionalmente la asignación de sus divisas y no haya generado una matraca de corrupción que colapsa el sistema.

¿Cuál es el estado de la nación y como la pervirtió el socialismo?

En estos largos doce años, de destrucción socialista, y disfrutando de un voluminoso ingreso fiscal, el gobierno manipulo esta renta fiscal para descapitalizar al capital privado, han sido víctimas grandes, medianos y pequeños, en todos los sectores de la economía nacional. La descapitalización de la economía se hizo deliberadamente y fue financiada por la renta petrolera.

De esta manera, el Estado ha desplazado a la gente y sus empresas para transformarse en un Estado que importa alimentos, bienes durables, produce hotelería, explota y produce materias primas, cemento, viviendas, se hizo propietario de grandes extensiones de la frontera agrícola, creando un poder económico, con el objetivo de transformar a los venezolanos en empleados públicos, sin los derechos laborales básicos.

En lo que podemos conceptualizar como una proceso contra-natura, todos los vicios del poder absoluto se han exacerbado exponencialmente, la ineficiencia, la irresponsabilidad, desaparecen como virtudes individuales, para convertirse en expresiones colectivas de un Estado que ha sembrado la corrupción más allá de la recurrente y conocida corrupción rentista conformada por sectores de intereses económicos y políticos conocidas en el pasado. Parafraseando a Lord Acton, el poder corrompe, y desde luego, el poder absoluto, que ha sido el norte de la malignidad narcisista del liderazgo político, corrompe absolutamente. Cualquier actividad del Estado, desde la más elemental de un subsidio o una acción de caritas pública hasta las grandes decisiones en materia económica está signada por la degradación colectiva.

El liderazgo político a elegir debe enfrentar este reto y promover políticas públicas dirigidas a alcanzar un clima de constricción colectiva que siembre valores que la única renta posible de perdurar y lograr progreso familiar es la producida por el esfuerzo individual. Desde luego ello implica la configuración de políticas públicas que complementen redistributivamente y sobre la base de subsidios directos y otras formas de estímulo social, a aquellos sectores menos favorecidos, teniendo en cuenta, que solo el capital humano individual es capaz de crear una sociedad prospera.

¿Cuánto cuesta poner al país en crecimiento estable?

A menudo a uno le preguntan en la calle, ¿cuánto cuesta la recuperación del país? Otros indican que la recuperación se llevara una o dos generaciones. El gobierno se ha dado a la tarea de sembrar dos tipos de pecados insalvables por el individuo: el odio y el pesimismo. El odio para los sectores de menores ingresos a quienes el gobierno educa como mendigos y componentes del servilismo socialista, y negar de esa manera todo esfuerzo individual para dejar de ser pobre, y a los sectores medios se les ataca y difunde desesperanza, venganza y particularmente el pesimismo.

Y éste último quizá el que crea el entorno de servidumbre que los comunistas en el poder buscan a todo evento. Muchos me preguntan ¿cuánto tiempo pasaría para que Venezuela recupere su camino al crecimiento y a la superación como país? ¡Algunos responden, generaciones enteras! Nada de eso, Venezuela ha mostrado desde finales del siglo XIX, donde durante 70 años los caudillos de la época estuvieron destruyendo la nacionalidad en guerras, guerrillas y reparto entre ellos, que puede recuperarse sin muchos traumas y muy rápido, el petróleo ayudara mucho.

En ese sentido, el próximo Presidente tendrá la representatividad y canalizará las aspiraciones de la gente, tiene que aprender rápidamente que para recuperar al país y colocarlo en un camino viable para un crecimiento sustentable, hacen falta en principio el restablecimiento de un conjunto de reglas cuyo diseño y aplicabilidad requieren de decisiones políticas, entre ellas lo más importante, el re-establecimiento de las libertades económicas, trituradas por el proceso político que encabezo Chávez.

Reglas fiscales básicas

Habrá que restaurar algunas reglas sin las cuales no será posible colocar a Venezuela en un crecimiento sustentable. Una regla fiscal que indique a los gobiernos que endeudarse tiene límites y que estos están allí donde la acción fiscal trae pobreza y descapitalización. La regla fiscal fue destruida por Chávez al querer eliminar ciertas racionalidades fiscales y presupuestarias para centralizar los fondos públicos provenientes de impuestos, de la actividad industrial de PDVSA y CVG, y otras actividades de empresas públicas. Todo eso hay que revertirlo y darle estructura racional, devolviendo a las regiones alguna soberanía fiscal en base a la racionalidad política de sus gobiernos locales. Imponer una regla de subsidiariedad fiscal que le de autonomía fiscal y redistributiva a los estados y municipios.
Y en el Presupuesto Nacional reincorporar la regla que fije el endeudamiento público puede ocurrir a niveles donde el país pueda servir alguna deuda pública que se demande. La regla fiscal es muy sencilla, el servicio de la deuda pública no debe superar la tasa de crecimiento de la economía, así evitaremos explosiones de precios, inflaciones y devaluaciones. Habrá necesidad entonces de una operación de refinanciamiento de la deuda pública, esencialmente la documentada en cabeza de PDVSA para evitar una explosión fiscal actualmente en curso dado que el colosal endeudamiento de estos años de revolución, muestra hay un inevitable explosión por carecer fondos suficientes para servir la deuda pública interna y externa.

El refinanciamiento de la deuda externa de PDVSA puede llevarse a cabo a través de un programa de debt-equity-swap, -canje de deuda por capital- para asociar al gobierno y al Estado con capital privado nacional y extranjero, así como ahorro nacional del venezolano común, y relanzar la economía petrolera y ponerla al servicio del país sin tener que ser filtrada por los mecanismos fiscales redistributivos. Afortunadamente Venezuela cuenta con recursos potenciales en abundancia y activos susceptibles de privatizar para reacomodar esa perversión fiscal y financiera causada por la revolución: el petróleo y las empresas de Guayana, las cuales los gobiernos venideros tendrán que recapitalizar con inversión privada nacional y extranjera.

El petróleo, PDVSA y el fisco

El modelo “rentismo absoluto” implementado por el gobierno y la legislación creada para tal fin, convirtió a PDVSA en un cascarón fiscal y en una empresa complementaria y suplementaria del gasto público. Ese proceso ha descapitalizado la industria petrolera nacional y destruida el capital humano, dejando a la industria petrolera a expensas de incentivos políticos de los grupos de intereses políticos y mercantilistas en el poder público.

Se eliminaron los mecanismos de controlabilidad existentes, lo cual ha permitido fundir el balance de PDVSA con el fisco, con lo cual se han creado serios vicios administrativos que impiden a los venezolanos conocer el estado de la industria petrolera público y la naturaleza de sus asociaciones con estados y empresas petroleras internacionales en condiciones de debilidad jurídica.

El negocio petrolero ha sido manejado en la oscuridad, la creciente deuda de PDVSA que supera los 42 mil millones de dólares, tanto la documentada como la contingente y “deuda flotante” han impuesto un enorme peso sobre su viabilidad económica y financiera. La “reflotación” de PDVSA requerirá que una buena parte de su deuda sea reasignada a su dueño, el fisco, en un futuro inmediato con lo cual el endeudamiento público alcanzaría dimensiones financieras que tendrían un severo impacto negativo en lo fiscal. Se necesitar amplias reformas legales y desde luego constitucionales para devolverle al negocio petrolero su sentido económico, y restablecer sus nexos naturales en impuestos y regalías y dividendos con el fisco y la República.

Será necesario un acuerdo político para re institucionalizar la industria petrolera nacional, o bien recreando a PDVSA y tejiendo jurídicamente las barreras que la separan del fisco, o reeditar la legislación petrolera para discutir los acuerdos, asociaciones y contratos firmados en estos años y han contribuido a la descapitalización de la industria petrolera nacional, la cual, hoy, para cumplir sus acuerdos comerciales en el mercado internacional ha tenido que complementar la producción nacional con importaciones petroleras de elevado costo, todo lo cual afecta la contribución fiscal de la industria petrolera. La descapitalización de la industria petrolera nacional obligara a una reedición de toda la legislación petrolera para dar cabida a la asociación del Estado venezolano con empresas extranjeras que permita rescatar y recapitalizar la industria petrolera nacional.

¿Qué hacer con nuestra renta petrolera?

Es un asunto clave destacar que a pesar de las grandes cantidades de dólares que percibimos de la venta de nuestro petróleo, esta actividad per se no es suficiente para mantener el bienestar de 30 millones de venezolanos. Es por ello que el reparto, sea como sea, de esa renta nunca sería suficiente para garantizarnos un progreso económico sostenible. Es más, sólo para darle viabilidad a los puntos que voy a plantear, el aumento de la producción, y por tanto de las exportaciones es una condición necesaria y obligatoria. Claro, para garantizarnos un crecimiento robusto y sostenible pasa por convertirnos en un país que produzca mucho más que petróleo, pero para ello vamos a necesitar apalancarnos de esa satanizada renta petrolera. Acá algunas de las alternativas para su uso.

Uno, una parte de esa renta petrolera debe ser dedicada a la inversión en infraestructura para que de esa forma se facilite la interacción económica entre los diferentes actores. Muchos de ustedes habrán apreciado el desarrollo económico que pueden alcanzar pequeños pueblos una vez que estos son interconectados (por carretera o por telecomunicaciones) entre ellos y con las ciudades de mayor tamaño. Por otro lado, también debe dedicarse esa renta a la construcción de hospitales, sistemas de transporte y escuelas. Éste último punto, es en mi opinión muy importante, porque creo que sólo con capital humano debidamente preparado podremos hacer frente a un mundo más competido y competitivo.

Dos, otra parte de esa renta debe ser dedicada a subsidios internos, pero estos tienen que ser estudiados cuidadosamente y también deben tener en cuenta el cambio de un paradigma de subsidio de la oferta para pasar a uno de subsidio de la demanda. Por ejemplo, la entrega de vouchers a los ciudadanos que sólo puedan ser redimidos en servicios de educación, salud y en la adquisición de viviendas, y al mismo tiempo permitir que el sector privado compita en estas áreas, nos dejaría con servicios de mucha mejor calidad que los que tenemos. Es decir, cualquier persona podrá elegir entre hospitales o escuelas que sean públicas o privadas y su decisión estará guiada por la calidad de servicio que se ofrezcan.

Tres, y acá puede que sea algo polémico, pero a mi parecer parte de la renta petrolera debe parar directamente en manos del ciudadano. Mi opción ideal sería hacer a cada venezolano accionista de la petrolera estatal y de esa forma beneficiarse de la entrega de dividendos, pero otras vías de transferencia también podrían servir. De esta forma cada uno de los ciudadanos tendría un pequeña parte de renta para cubrir las necesidades que ellos quieran.

Cuatro, con esa renta también deben crearse dos tipos de fondos soberanos. Uno sería dedicado a la estabilización macroeconómica cuya principal función es ofrecer un verdadero blindaje en contra de la volatilidad del precio del petróleo, y el segundo fondo sería intergeneracional partiendo de la premisa basada en que el petróleo que vendamos no sólo es nuestro, sino también de nuestros hijos. El caso noruego sería un muy buen ejemplo a seguir.

Para finalizar, es importante que el destino de la renta petrolera, sea cual fuere, esté en la constitución del país, y que además sea producto de una decisión por consenso a partir de representantes de todos los sectores del país. Creo que es tiempo de quitarles la potestad del reparto de la renta petrolera a los políticos, quitarles esa poderosa arma política con la que muchas veces nos chantajean y elaborar un marco institucional para que dicha renta verdaderamente termine en manos del ciudadano.

El Banco Central de Venezuela y una regla monetaria: bimetalismo

La inflación ha sido para el actual gobierno un mecanismo adicional de financiamiento, para ello el gobierno y el Presidente mutilaron la esencia de un Banco Central, su independencia y autonomía fueron fundidas en sendas reformas de la Ley del BCV para colocarlo bajo los intereses del Ministerio del Tesoro como fuente de financiamiento fiscal, de hecho el BCV ha sido convertido en una especie de banco de desarrollo que adquiere documentos de deuda de empresas públicas y del fisco a cambio de dinero fresco, dinero inflacionario.

En ese sentido, Venezuela muestra los indicadores de inflación más elevados del mundo, y ello como se sabe destruye el poder de compra de salarios e ingresos de los hombres de menores ingresos, cuyo bienestar depende casi exclusivamente de los programas de subsidios directos que el gobierno establezca, en función de las restricciones fiscales de la coyuntura.

El retorno a una regla monetaria básica tiene como objetivo eliminar las condiciones institucionales creadas por la revolución para permitir a la autoridad monetaria el uso de los instrumentos naturales para la defensa del poder de compra de la moneda, además de dotar al BCV de los instrumentos monetarios requeridos por la coyuntura económica. Ello conllevara a acuerdos políticos legislativos necesarios para re institucionalizar al BCV, derogando las últimas tres reformas de su Ley llevadas a cabo desde la promulgación de la Ley del BCV en el año 2000. Ello permitirá el establecimiento de los sistemas monetarios más normales actualmente, el bimetalismo, con circulación normal del bolívar, del dólar, del euro entre otras.

Y la conversión de Venezuela en un país viable y confiable

Pero esto tendrá una barrera institucional que hay que derribar de inmediato. Al mundo hay que convencerlo que Venezuela será nuevamente un país creíble, confiable y que respetara los contratos, algunos sacrificios en este particular tendrán que ser llevados a cabo para recuperar el “trust” internacional del país, algo que Chávez y el gobierno destruyeron sin razones ni explicaciones racionales, las cuales desde luego tendrá que hacerlo en su debido momento. La irresponsabilidad en esta materia por parte del gobierno ha causado un enorme daño al país elevado el riesgo y en consecuencia incrementando los costos financieros a los que el país acuda en los mercados internacionales.

Venezuela necesita ajustar su moneda al valor real y asumir los costos de su mala conducta, para luego rescatar los equilibrios y enseriarse. Necesita una moneda que permita a la producción local desarrollarse. Un mercado abierto donde la demanda y la oferta se pongan de acuerdo y los empresarios tengan incentivos para invertir. Hoy tenemos lo contrario y el resultado es obvio: más desinversión, más inflación, más desabastecimiento, más corrupción y más dependencia. El tema es que también tenemos más revolución... y queda claro que de eso se trata. 

Fuentes:

·         De revolución se trata por Luis Vicente León
·         ¿Después de Chávez qué? por Alexander Guerrero E.
·         ¿Qué hacer con la renta petrolera? por Henkel García



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