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Las tres aristocracias


 
Es cosa convenida que hay tres aristocracia: la de la sangre, la del talento y la del dinero. Pero antes de entrar en otras consideraciones que me ocurren, veamos qué es Aristocracia.

Es un motivo casual casi siempre, para que un hombre se considere superior a los demás. Más claro: es un título para ser vanidoso. Y ahora pregunto yo: ¿Han puesto de su parte esos caballeros de cuello de latón para nacer de padres distinguidos? ¿No podrían ser hijos del cochero de la casa, lo mismo que de su papá? Y entonces ¿por qué miran con menosprecio a los hijos del cochero. Nacer noble, no cuenta ningún trabajo; lo que cuesta ningún trabajo; lo que cuesta trabajo es ennoblecerse. Usted, sapientísimo señor, ¿por qué se echa tanto para atrás, y lleva siempre en los labios una sonrisa despreciativa para todos los que no hacen versos o discursos, aunque muchos pueden hacerlos superiores a los de usted? ¿Ha hecho usted algún esfuerzo para tener talento? ¿Sabe usted siquiera agradecer a Dios el don que le ha concedido? ¿No sabe usted que el mérito se rebaja con la soberbia? Y usted, señor millonario, que encontró labrada, por su padre o por otro, la fortuna que derrocha, ¿De qué se envanece usted? ¿Tiene usted siquiera la satisfacción de haberla ganado trabajando lentamente? Pues entonces, ¿Por qué mira usted con tanto desdén a los que no tuvieron padres trabajadores, económicos, afortunados, o siquiera ladrones, que les dejaron grandes caudales?

Sea como fuere; admitamos que hay tres aristocracia, y veamos cuál de ellas tiene mejor fundamento.

Estamos de acuerdo en que la sangre humana no es igual, y en que hay gentes, como hay caballos, de pur sang. Pero es preciso también convenir en que la sangre pura no sirve para nada si no está acompañada de bellas cualidades que correspondan a la estirpe. Por más enrazado que sea un caballo, si no sirve para correr en el hipódromo, va a arrastrar una carreta. Así mismo sucede con la especie humana. Un hombre de sangre pura, si no tiene cualidades correspondientes a su categoría, vale menos que cualquier plebeyo. Figuraos un noble estúpido y pobre, (que no sería un caso singular). ¿Puede haber algo más triste? La nobleza entre esas dos desgracias es un ludibrio.

No hay nadie más vecino a la ignominia que un noble arruinado.

¡No es posible calcular hasta donde es capaz de humillarse, por rescatar sus pergaminos de la polilla de la miseria! Consecuencia. La aristocracia de la sangre  no vale nada, si no está apoyada por el dinero.

Pasemos ahora a la aristocracia del talento. El talento necesita guantes y cuello limpios para ser admitido en el estrado social. La sociedad, acaso injustamente, no reconoce talentos en quien no ha podido proporcionarse con él una situación, aunque sea mediana. Luego: la aristocracia del talento necesita el barniz del oro para ser reconocida y atacada. El talento en la miseria, no es blasón sino suplicio.

Sentirse más alto que los demás, y tener que andar a rastras para alcanzar un pedazo de pan, debe ser el mayor de los tormentos. ¡Homero! ¡Milton! ¡Cajones! Apelo a vuestro testimonio.

Pongamos ahora en tela de juicio la aristocracia del dinero. La sociedad, tal como está constituida, ha sintetizado en cuatro palabras el espíritu de la época.

TANTO VALES, CUANTO TIENES

Fórmula espantosa, pero positiva. Los ricos no necesitan ser sabios: ellos tienen con qué comprar la sabiduría ajena cuando la han menester. El talento se presupone en quien ha sabido heredar, acumular, conservar o robarse impunemente una fortuna. La sangre pura, la nobleza, que es supremacía en la sociedad, se concede forzosamente a todo el que puede brillar en ella y derramar esplendor y champaña en sus salones. De todo lo dicho resulta: que la verdadera aristocracia del nacimiento necesita estar apoyada en el dinero. La aristocracia del talento necesita el auxilio del dinero. Mientras que la aristocracia del dinero no necesita sangre pura, ni talento claro. ¡Y después se admiran algunos del afán que tienen los hombres por enriquecerse! El trabajo constante y las proezas heroicas, así como en los crímenes, las injusticias, las deslealtades, las bajeza y todo lo que se hace por adquirir fortuna, es la consecuencia forzosa del espíritu de la época.

Para mí las aristocracias no son tres, sino cuatro. La más grande es la cuarta, porque prevalece de las otras. ¡La aristocracia del Poder! Es la que está consagrada desde el principio del mundo, en todos los pueblos de la tierra, y la que perdurará hasta el fin de los tiempos. La aristocracia del poder hereditaria en las monarquías, alternativa en las democracias, no dejará de existir jamás, porque los hombres que gobiernan, sea por consentimiento forzoso o por voluntad de los pueblos, representan la dignidad nacional y tienen que ser acatados. Esta aristocracia es más afectiva y menos hiriente que las otras, porque es impersonal.

Los gobernantes no tienen nombre: se llaman autoridad, y pesan por igual sobre todas las clases sociales. La autoridad, amada y bendecida, cuando es benéfica, o execrada, cuando es maléfica, siempre inspira respeto, y se ve más alta que el nivel común. No he querido hacer otra nobleza de la virtud, porque ella es el timbre de toda aristocracia legítima. Sin virtud no hay nobleza. Concluiré este sencillo estudio, recordando a los que han alcanzado el favor de Dios para elevarse sobre los demás en cualquier línea, aquellas palabras del Evangelio: Los humildes serán ensalzados. Los soberbios serán abatidos.

 

AUTOR: Francisco de Sales Pérez (Justo)

 

207 años de la insurrección independentista de José Leonardo Chirinos

Este 10 de mayo de 2012, se cumplieron 207 años de la insurrección independentista de José Leonardo Chirinos.

En Venezuela comenzó el movimiento revolucionario por el año de 1795, con una sublevación de negros y mestizos de Coro. Ellos proclamaron la República, la libertad de los esclavos y la supresión o disminución de impuestos. Pero fueron dominados en seguida y muertos muchos a la manera de la época: unos, degollados, "sin más proceso que el de la voz"; otros, ejecutados "a golpe de pistola"; otros "a golpe de cuchillo". El cabecilla José Leonardo Chirino, zambo libre, llevado a Caracas, fue condenado: "a muerte de horca que se ejecutará en la plaza principal de esta capital adonde será arrastrado desde la Cárcel Real, y verificada su muerte, se le cortará la cabeza y las manos y se pondrá aquella en una jaula de fierro sobre un palo de veinte pies de largo en el camino que sale de esta misma ciudad para Coro y para los Valles de Aragua, y las manos serán remitidas a esa misma ciudad de Coro para que una de ellas se clave en un palo de la propia altura y se fije en la inmediación de la aduana llamada de Caujarao, camino de Curimagua, y la otra en los propios términos en la altura de la sierra......" (Historia Constitucional de Venezuela, José Gil Fortoul).

En Churuguara (Coro, Edo. Falcón) vivía un labriego de nombre José Leonardo Chirino, fue hijo único de una indígena libre y de un negro esclavo perteneciente a una familia criolla; es entonces, un zambo libre. Jornalero, cultiva la tierra en una hacienda propiedad de José Tellería. Se casó con una esclava llamada María de los Dolores con quien tuvo 3 hijos: María Bibiana, Rafael María y José Hilario. José Tellería, solía realizar viajes de negocios a las Antillas, y en más de una ocasión el zambo se embarca como acompañante. Parece que es en la isla de Santo Domingo, en territorio del actual Haití, donde el zambo establece un más intenso contacto con las ideas y la práctica revolucionaria que tuvieron su epicentro en Francia; la noticia del momento son los levantamientos de esclavos y las tendencias republicanas que pugnan por imponerse.

José Tellería se entera de tales convulsiones y la cuestión le preocupa; Chirino también está al tanto, pero esto, en lugar de preocuparlo, lo estimula: eso de libertad e igualdad tenía que estimular a alguien que jamás ha visto un movimiento similar en tierra firme. Asimismo, estableció contacto con el proceso que se vivía en Haití donde los negros esclavos se habían levantado contra los blancos y estaban luchando con éxito para obtener su libertad. De regreso a Venezuela se incorporó a un grupo de conjurados que se reunían en el trapiche de la hacienda Macanillas (Curimagua, Edo. Falcón), entre los que se encontraba José Caridad González, un negro congolés muy informado de las ideas de la Revolución francesa.

Para 1795, la sociedad coriana se movía en medios intelectuales francamente capaces de discutir los acontecimientos históricos de la época, de tal modo que los Tellería, los Chirino, los Manzano y otros personajes de distinción, comentaban con frecuencia los sucesos e ideas revolucionarias. Los negros esclavos y libres se contagiaron de las palabras, y emocionados por el mensaje de redención que significaban - libertad, igualdad -, comenzaron a levantar los ánimos, alimentados en sus esperanzas por José Leonardo, quien decide encabezar una revuelta para imponer la "ley de los franceses"; en realidad, para destruir a sus opresores, concretados en el amo Tellería, los representantes del fisco y el gobierno en general.

En Coro había logrado fama el negro José Caridad González, quien acaudillaba a los loangos, que constituían un barrio de la ciudad con prófugos de Curazao considerados libres al llegar a tierras corianas. Este González fue y ganó cierto litigio de tierras a favor de los negros con lo cual aumentó su prestigio; era hombre culto, que hablaba buen castellano, además de francés y su nativa lengua africana.

Para 1790 llegó a Coro el recaudador de rentas Juan Manuel Iturbe, "el cual se empeñó en cobrar con el mayor rigor todas las contribuciones que ordenaba el derecho fiscal español, pero que en gran parte habían caído en desuetud en Coro". Iturbe cometió muchos atropellos, que exasperaron especialmente a las clases labradoras. De modo que esta situación, aunada a las nuevas libertarias importadas de las islas y oídas en las conversaciones de los señores, así como la natural enemiga a los amos, hicieron que hubiera un ambiente propicio para una revuelta.

Chirino se valió del nombre José Caridad González para ganar partidarios a su causa, que el 10 de mayo de 1795 se concreta en una revuelta armada desde una hacienda llamada Macanillas. Esa misma noche, unidos los negros y mulatos, encabezados por Chirino, se declaran alzados, proclamando la libertad de los esclavos y la supresión de las alcabalas. Los alzados matan al hacendado José Nicolás Martínez, saquean su casa y pasan a otros lugares con intención de invadir a Coro, como lo hacen en efecto bajo el mando de un Juan Cristóbal Acosta, pues Chirino se queda para organizar otro grupo. Animaba éste a su gente con la prédica de que el dirigente de los loangos se alzaría en la ciudad en cuanto ellos se acercaran. Pero el plan fracasó, pues organizada la defensa por el Justicia Mayor Remírez Valderraín, con ayuda de los vecinos, fueron derrotados los invasores, muerto en Coro González, sin haberse probado su intervención, y perseguido Chirino, fue hecho preso por traición de un amigo. Hubo numerosos decapitados, presos, y el caudillo condenado a la horca y descuartizamiento en Caracas, adonde fue trasladado con otros cómplices y todo el proceso. La sentencia de la Real Audiencia fue dictada el 10 de diciembre de 1796.

LA ASPIRACIÓN DE SER LIBRES

El movimiento insurreccional de José Leonardo Chirino en Curimagua, pueblo de la serranía de Coro, constituye uno de los más tempranos intentos independentistas registrados en nuestros anales históricos. Distintas causas dieron origen a este movimiento. Sociales unas, económicas y políticas otras. La variable condición en que se encontraban los negros, que eran unos libres y otros esclavos; la de los indios, que eran respecto a los tributos, unos exentos (los caquetíos) y otros demorados (los jiraharas y ajaguas), representa un motivo de importancia, pues todos los negros aspiraban a ser libres y todos los indios a ser exentos.

En el trato de los unos con los otros, tanto los negros esclavos como los indios demorados, se daban cuenta de lo injusto de su situación. Así estaban las cosas cuando circuló la conseja de que el Rey de España había acordado la libertad de los esclavos; se decía que la cédula que esto ordenaba habría llegado a Venezuela, pero las autoridades coloniales y especialmente el Cabildo de Caracas se oponían a darle cumplimiento, por ser atentatoria a los derechos de los propietarios. Para 1790 ésta era una verdad aceptada por los negros de la serranía, pues un hechicero llamado Cocofio se había encargado de propagarla por todas las haciendas.

Tratábase en verdad del llamado Código Negro promulgado por cédula real en 1789, el que, si bien no tenía el alcance que le daban los esclavos, pues en absoluto se refería a la concesión de libertad, sí establecía un régimen de mejor consideración para ellos. Para el tiempo en que se propagaban estos rumores llegó a Coro como recaudador de los derechos reales Juan Manuel Iturbe, quien puso todo su empeño en cobrar formalmente las contribuciones. Luis Bárcenas, administrador del puesto de alcabala de Caujarao, recibió órdenes de cobrar anticipadamente y en efectivo, el derecho de alcabala a todos los que bajaran de la sierra.

A las mujeres les embargaban, en garantía del impuesto, sus rosarios, zarcillos y hasta los pañuelos con que se cubrían la cabeza. Estos hechos perjudicaban principalmente a los esclavos y labradores libres de la sierra, quienes no disimulaban su descontento. Como desde el inicio de la Revolución Francesa llegaban a Coro noticias de ella a través de Curazao y de los corsarios que durante la guerra franco-española aparecían frecuentemente en las cercanías de La Vela, los terratenientes corianos comentaban los sucesos, entre ellos José Tellería, el que tenía como huésped en su hacienda de Curimagua al mexicano José Nicolás Martínez, con quien en sus tertulias hablaba de los acontecimientos de Francia, del derrumbamiento del antiguo orden social, de la proclamación de la República y la igualdad para todos, de la ejecución del rey Luis XVI y de la guerra entre Francia y España.

Estas conversaciones, que comentaban los criados y esclavos, las escuchaba también José Leonardo Chirino, un zambo que estaba al servicio de Tellería, que había acompañado a éste en sus viajes de negocios a Haití. Ahora el zambo había sabido que los negros de esta isla se habían sublevado bajo las órdenes de Toussaint Louverture para hacer valer sus derechos y abolir la esclavitud. A hacer algo semejante, invitaba la agitación en que para aquellos momentos se encontraban los esclavos de la sierra. Por eso, a fines de marzo de 1795, José Leonardo empezó a tramar la conspiración, de acuerdo con los negros Cristóbal Acosta y Juan Bernardo Chiquito. El 10 de mayo promovieron un baile en la hacienda Macanilla y por la noche pasaron a la hacienda El Socorro, donde dieron el grito de rebelión. Allí José Leonardo proclamó la «ley de los franceses», la libertad de los esclavos y la supresión de los impuestos.

Todos eran libres, iguales a los blancos, dueños de su voluntad; asaltaron la casa de la hacienda, mataron al mexicano Martínez e hirieron al joven Ildefonso Tellería; pasaron a la hacienda Varón, donde mataron a José María Manzanos e hirieron a Nicolasa Acosta; las casas de La Magdalena y Sabana Redonda fueron incendiadas; al día siguiente nombraron comisiones para que fueran a levantar a los negros de Canire y El Naranjal; a Curimagua, donde dieron muerte a José Tellería y Pedro Francisco Rosillo; a San Luis, población que saquearon y en la que apresaron al alcalde. Esa tarde, reunidos otra vez en Macanilla, acordaron la marcha hacia Coro; al frente iría Cristóbal Acosta, mientras José Leonardo avanzaría por vía diferente para solicitar el concurso de otros grupos.

A media noche llegaron los negros a la aldea de Caujarao y ultimaron a los guardias del puesto de alcabala. En la ciudad ya sabían la proximidad de los insurrectos; enteradas las autoridades de que las armas que traían, no eran otras que palos y machetes, se organizaron en milicias y salieron a su encuentro. En el llano, al sur de Coro, tomaron posiciones; llevaban, además de otras armas de fuego, 2 cañones pedreros. Cuando los negros acometieron desordenadamente, sus columnas fueron destrozadas. En la corta refriega murieron 25 negros y quedaron 24 heridos.

El teniente justicia de Coro, Mariano Remírez Valderraín mandó decapitar a los heridos y a los prisioneros. José Leonardo, quien no llegó a tiempo para participar en el combate, al saber la derrota se internó en la serranía. Tres meses después, apresado en Baragua, fue trasladado de Coro a Caracas. La Real Audiencia, el 10 de diciembre de 1796, lo condenó a muerte en la horca y dispuso que su cabeza, en jaula de hierro y montada en un poste de 20 pies de altura, se colocara en el camino que va hacia los valles de Aragua y sus manos, remitidas a Coro, se fijaran, una en la entrada de Caujarao y la otra en Curimagua, en el sitio donde dieron muerte a José Tellería.

Fuente: http://www.minci.gob.ve

Batalla del Pichincha



La Batalla del Pichincha ocurrió el 24 de mayo de 1822, en las faldas del volcán Pichincha, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, cerca de la ciudad de Quito, en el Ecuador actual. El encuentro, que ocurrió en el contexto de las Guerras de Independencia Hispanoamericana, enfrentó al ejército independentista bajo el mando del General Venezolano Antonio José de Sucre y al ejército realista comandado por el Mariscal de Campo Melchor De Aymerich. 

La derrota de las fuerzas realistas leales a España condujo a la liberación de Quito y aseguró la independencia de las provincias que pertenecían a la Real Audiencia de Quito, también conocida como la Presidencia de Quito, la jurisdicción administrativa colonial española de la que eventualmente emergió la República del Ecuador. Cuando amaneció, sin que Sucre lo supiera, los centinelas posicionados cerca de Quito avistaron a las tropas Patriotas ascendiendo por las laderas del Pichincha. Aymerich, entonces consciente de la intención de Sucre de flanquearlo por medio del ascenso al volcán, ordenó a su ejército de 1.894 hombres ascender la montaña lo más pronto posible, para enfrentar ahí a Sucre.


Al haberse encontrado en un campo de batalla tan improbable, los dos comandantes no tuvieron otra opción más que enviar gradualmente sus tropas a la batalla. Existía poco espacio para maniobrar en las empinadas laderas del Pichincha, entre profundos barrancos y densos matorrales. Los hombres del Paya, tras recuperarse de la conmoción inicial, se reposicionaron bajo el fuego enemigo, esperando la llegada del batallón Trujillo. El sobresaltado Sucre, sólo esperando que los españoles estén más cansados que sus propias tropas, envió al batallón Yaguachi, conformado por ecuatorianos. El batallón Alto Magdalena trató de hacer un movimiento de flanqueo, pero sin éxito, pues el terreno no se lo permitió. Pronto, los batallones Paya, Trujillo y Yaguachi, sufriendo muchas bajas y con pocas municiones, comenzaron a replegarse. Para entonces el destino de la batalla para los Patriotas parecía depender del Albión, que transportaba las municiones tan necesitadas; y sin embargo se desconocía su paradero. A medida que el tiempo pasaba, los Realistas parecían ganar el control de la batalla. 

El Trujillo fue obligado a retroceder, mientras que el batallón peruano Piura huyó antes de enfrentar al enemigo. En medio de la desesperación, a los hombres de reserva del batallón Paya se les ordenó cargar contra el enemigo con sus bayonetas. Ambos bandos sufrieron grandes bajas, pero la situación más o menos se estabilizó para los Patriotas. A pesar de esto, Aymerich, como parte de su estrategia, durante el ascenso al Pichincha separó de su fuerza principal al batallón Aragón, ordenándole avanzar hasta la cúspide del volcán, para así luego atacar a los Patriotas por la retaguardia, rompiendo sus líneas en el momento indicado. El Aragón era el mejor batallón del ejército realista; estaba conformado por veteranos españoles que habían actuado tanto en Guerra de la Independencia Española como en otras batallas en América del Sur, y en ese momento se hallaba sobre los Patriotas y listo para atacar. Afortunadamente para los Patriotas, cuando el Aragón estaba por cargar sobre la alicaída línea Patriota, fue detenido en seco por el Albión, que entró inesperadamente en la batalla. Resulta que el Albión consiguió avanzar a una posición más alta que la de los españoles. Pronto, el Magdalena se unió a la batalla, y el Aragón tras sufrir fuertes bajas, se desintegró. Entonces el Magdalena avanzó hasta la línea Patriota para reemplazar al Paya, y cargó contra la línea Realista, que terminó por romperse".

A pesar de que en el contexto de las Guerras de Independencia de América la Batalla de Pichincha figura como un conflicto menor, tanto en términos de su duración como del número de combatientes, sus consecuencias fueron bastante significativas. El 25 de mayo de 1822 Sucre entró con su ejército en la ciudad de Quito, donde aceptó la rendición de todas las tropas españolas establecidas en el territorio que el gobierno de Colombia llamaba "Departamento de Quito", al considerarlo como parte integral de la República de Colombia desde su creación el 17 de diciembre de 1819.
Cuando Sucre recapturó Cuenca el 21 de febrero, obtuvo de su Consejo local un decreto en el cual se proclamaba la integración de su ciudad y provincia a la República de Colombia. Entonces, con la rendición de Quito, que a su vez puso fin a la resistencia Realista en la provincia norteña de Pasto, Bolívar pudo entrar en la ciudad, como finalmente lo hizo el 16 de junio de 1822. Entre el entusiasmo general de la población, la antigua Provincia de Quito fue incorporada a la República de Colombia. Por su parte Guayaquil, que aún no decidía su futuro, con la presencia tanto de Bolívar como del victorioso ejército Grancolombiano en su territorio, proclamó la incorporación de Guayaquil a la Gran Colombia el 13 de julio de 1822.

La Capitulación de Pichincha

A las doce del día bajo un sol resplandeciente, los soldados de la libertad en la cima del Pichincha a más de 3000 metros de Altura dieron el grito de victoria. La victoria fue de Sucre, la cual fue completada con la capitulación que el jefe patriota concedió al Mariscal Aymerich el 25 de mayo del mismo año. 


Con las operaciones cuyas acciones finales se produjeron en las faldas del Pichincha y en la ciudad de Quito, Sucre decidió a su favor la vacilante y delicada situación de Guayaquil; dio libertad al territorio que conforma hoy la República de Ecuador, y facilitó su incorporación a la Gran Colombia. El 18 de junio de ese año, Bolívar le asciende a general de división y lo nombra intendente del departamento de Quito. Al frente de los destinos de Ecuador desarrolla una positiva obra de progreso: funda la Corte de Justicia de Cuenca y en Quito el primer periódico republicano de la época: El Monitor. Instala en esa ciudad la Sociedad Económica. De su actividad personal es buena prueba que, el 6 de septiembre de 1822 expidió y firmó en Quito 52 comunicaciones. Interesado por la educación puede afirmar que halló en Cuenca 7 escuelas y dejó 20.


El Control Social en Venezuela

El control social es el conjunto de prácticas, actitudes y valores destinados a mantener el orden establecido en las sociedades. Aunque a veces el control social se realiza por medios coactivos o violentos, el control social también incluye formas no específicamente coactivas, como los prejuicios, los valores y las creencias. Entre los medios de control social están las normas sociales, las instituciones, la religión, las leyes, las jerarquías, los medios de represión, la indoctrinación (los medios de comunicación y la propaganda), los comportamientos generalmente aceptados, y los usos y costumbres (sistema informal, que puede incluir prejuicios) y leyes (sistema formal, que incluye sanciones).

* Medios informales
Las medidas informales, son aquellas que no están institucionalizadas, como los medios de comunicación, la religión, la educación, las normas morales, etc, las cuales no tiene una formalización a través de normas o leyes escritas. Son más importantes que los formales porque transmiten hábitos, normas y valores determinados. La instancia policial es un ejemplo: es un mecanismo de control social informal que se deriva del Estado. Se inició tras la Revolución Francesa controlando a nivel legislativo. Sus competencias garantizan el poder desmesurado del Estado, pero es una instancia estatal con capacidad de castigo y represión contra el ciudadano puesto que los que controlan o tienen poder someten al resto. Su función principal es el mantenimiento de leyes y del orden público.
Ejemplo en lo que compete la religión según la Biblia, en el libro de Éxodo, Moisés subió al Monte Sinaí y permaneció en su cima cuarenta días y cuarenta noches, al cabo de los cuales le dio Dios escritos en dos tablas de piedra los diez mandamientos. Cuando bajaba del monte, vio al pueblo que estaba adorando al becerro de oro y enfurecido las rompió. Posteriormente, pidió a Dios que perdonase al pueblo y sellase con él un "convenio" (pacto o alianza). Entonces, el Señor ordenó a Moisés que tomase dos lajas de piedra, y en ellas quedaron escritos los diez mandamientos del convenio.
El libro del Éxodo contiene la siguiente narración:
1 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:
2 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.
4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
7 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.
8 Acuérdate del día del sábado para santificarlo
9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;
10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.
11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.
12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
13 No matarás.
14 No cometerás adulterio.
15 No hurtarás.
16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.
Éxodo 20:1-17

* Medios formales
Las medidas formales de control social son las que se implementan a través de estatutos, leyes y regulaciones contra las conductas no deseadas. Dichas medidas son respaldadas por el gobierno y otras instituciones por medios explícitamente coactivos, que van desde las sanciones hasta el encarcelamiento o el confinamiento. En los estados de derecho los objetivos y mecanismos de control social están recogidos en la legislación explícita.

Después de entender los significados de que son los medios de control social, ahora veamos como es hoy en día en nuestro país Venezuela.

Para buscar una respuesta de cuáles son los elementos y causas que están relacionados con la eficacia e ineficiencia en el funcionamiento del Control social en Venezuela, debemos empezar por definir al Control Social. En este sentido el Control Social para Gabaldón (1987, 11) es: "...el conjunto de instancias y acciones, públicas y privadas, genéricas y específicas, orientadas a la definición, individualización, detección, manejo y/o supresión de conductas calificadas como delictivas o desviadas, según se encuentren o no expresamente previstas en un cuerpo normativo formal como pasibles de sanción".
Por supuesto que en este sentido estamos obligados a señalar, que el control social de esta manera entendido representa la columna vertebral de la Criminología, aunque no se tienda a confundir con ella. Es por ello que el Control social, admite dos niveles de abordaje según Gabaldón (1987):
a) La pauta normativa, que implica el señalamiento genérico de un comportamiento como inaceptable, bien sea este criminal o desviado.
b) El operacional, que comprende el encuadramiento situacional de un comportamiento dentro de una pauta genérica de conducta y las medidas adoptadas para lograr conformidad, mediante mecanismos de individualización (...)".
El nivel operacional del control social es el importante para conocer la descripción, análisis y evaluación de las respuestas sociales a la criminalidad.
En este sentido el sistema de Justicia Penal, en el control social formal, es según Gabaldón (1987): "el conjunto de instancias formales y públicas dispuestas por el estado para reprimir conductas amenazadas por una pena en un cuerpo normativo formalizado. Este sistema comprende, básicamente, la policía (en sentido amplio, cualquier dependencia con poder coactivo armado), los tribunales, el ministerio Público, los organismos auxiliares y administrativos que se insertan en el proceso penal, como defensorías y procuradurías, y el sistema de ejecución penal, tanto institucional (régimen carcelario) como no institucional (instancias diversificadoras de la pena detentiva)".
Tenemos entonces a "la policía como un órgano de control social formal, cuyo objetivo es la protección de la sociedad y sus ciudadanos, esto es, defensa de peligros" (Bustos, J., 1982, 63). La policía es un brazo represor y confidencial del poder soberano. Es una fuerza organizada para el mantenimiento del orden público mediante la vigilancia y la aprehensión de los infractores a los fines de imponerles una sanción.
En este sentido, señala Bustos (1982,65): "el Estado de Derecho en cuanto a organización política necesita ejercer un control social sobre los ciudadanos y en tal sentido la policía resurge con características semejantes a épocas anteriores, pero con la diferencia fundamental de que está sometida a la mayor o menor transparencia que puede ostentar un Estado de Derecho".
Es decir que el rol fundamental de la policía es mantener el orden, el orden interno que permita a los ciudadanos mantener cierta conducta frente a los demás, con la advertencia por parte del Estado de que si transgreden la norma contenida en la ley serán castigados con una sanción o pena. Por otra parte, otra de las funciones de la policía además de mantener el orden es la prevención del crimen.
Ahora bien, la policía surgió como una organización militarizada y burocrática. En tal sentido acota Bustos (1982, 68): "Ello ha llevado a acentuar los problemas de distanciamiento con la población, en razón de la tendencia a una institución total y cerrada que provoca la militarización y burocratización de una institución. Lo que a su vez ha originado mayores dificultades para su democratización. Pero no sólo a este nivel se producen dificultades, sino también en el ámbito de la eficacia, pues tales características impiden le flexibilidad necesaria para la adaptación de la policía a los cambios continuos de una vida social democrática, con lo cual entonces la función de control se hace rígida y contraproducente en todo sentido".
Quiere decir ello que la ciudadanía en general ve a la policía, más como un órgano represor que otra cosa. Pocas veces se entiende que tal órgano de control social es para prevención. De allí que se haya tenido preocupación en que se desmilitarice y desburocratice la institución policial y se de origen a una policía profesional. En tal sentido acota Bustos (1982, 68): "Se entiende por policía profesional aquella cuyos miembros, a todos los niveles, actúen con criterio propio y autónomo dentro de los marcos regulativos de la profesión".
Para lograr el objetivo de la profesionalización, indudablemente que debe someterse a la policía a un cambio total en su formación, y con ello se lograría un mayor acercamiento entre la sociedad civil y la policía.
Por otra parte tenemos que el papel represivo de la policía está limitado, debido a que la institución hace uso de métodos impropios o poco apropiados para hacerse de información para luego practicar la aprehensión. En vez de seguir lo estrictamente pautado, la eficacia represiva de la policía surge debido a la "acumulación de datos, los confidentes, la ligazón clara a un determinado sector por parte del delincuente" (Bustos, J., 1982, 68).
Dicha incapacidad relativa de la actividad represiva de la policía y de la prevención policial influye evidentemente sobre la eficacia preventiva general que se pueda atribuir a la acción policial o a la institución como tal.
En definitiva, la policía en general señalan quién y que va contra el orden; por lo que agrega la policía una pauta concreta de selección, de control, de criminalización. Al respecto, señala Bustos (1982, 71): "en este sentido el propio control policial resulta un factor de criminalización, origen de criminalidad".
Un segundo tipo de control social lo ejercen los tribunales. Señala Gabaldón (1987,131): "Los tribunales constituyen la segunda instancia de conocimiento y procesamiento de la criminalidad dentro del sistema formal de control social, después de la policía".
Caracterizando el sistema penal venezolano, podemos establecer entorno a él que el cambio de paradigma de un sistema inquisitivo a un sistema acusatorio empieza a dar algunos resultados. Por supuesto que mucho falta por recorrer en este sentido, y en la práctica el novísimo Código Orgánico Procesal Penal tendrá que autoevaluarse para que se mejore.
Establecida la libertad como garantía y derecho constitucional, es la norma tal condición de libertad del imputado, por lo que toda persona es inocente hasta tanto no se demuestre lo contrario. Por ello los beneficios establecidos en el Código.
Pareciera que con la entrada en funcionamiento del nuevo ordenamiento jurídico venezolano penal, hubiese habido una transformación del sistema penal, que de alguna manera ayuda a resolver el problema de la delincuencia en Venezuela.
Quizás el problema de ineficiencia que aún de alguna manera pudiese tener el sistema penal en la administración de justicia, pudiese ser el retardo creciente a la congestión de casos a ser procesados. En este sentido debemos señalar con toda seriedad que para poder hacer una evaluación del sistema de tribunales, ante el cambio de un sistema inquisitivo por un sistema acusatorio, se debería esperar para observar el desempeño de la administración de justicia para que podamos estudiar los principales problemas del cual son objeto.
Por otro lado tenemos al Ministerio Público. Igualmente ha sufrido un cambio importante en el sistema penal si lo comparamos con el de hace unos años atrás. El dueño de la acción penal en el pasado era la policía judicial. En la actualidad es el Ministerio Público a través de los Fiscales quienes son los que impulsan la acción penal y se sirven de un órgano auxiliar para realizar las investigaciones, tal como lo es la policía judicial.
El cambio en el proceso penal hace que debamos esperar cierto tiempo para poder estar en capacidad cierta de evaluar el sistema de tribunales en cuanto al control social formal. Sólo podríamos hacer algunas críticas sobre aquello que vemos escrito en el Código, que de alguna manera pudiésemos pensar que por razones de idiosincrasia fuese de difícil aplicación en nuestro país. Sin embrago somos testigos de cómo hasta los momentos, el cambio de paradigma pareciera que fuese la solución.
Ahora bien, por otra parte pareciera que la extrema libertad concedida en los beneficios que otorgas el Código hubiese desatado en el país una oleada de delincuencia. Pero por otra parte debemos señalar que para no conceder tales beneficios los principios se encuentran contenidos en la normativa establecida en el Código. Es decir, que si hay jueces con la suficiente capacidad de análisis y de estudio que aplique la objetividad del Código conforme a derecho, estaríamos en presencia de una buena administración de justicia. La falta de efectividad de la norma consiste en la poca o nada aplicación que de ella hace la autoridad en general. En el caso que nos ocupa el juez. Si no se hace uso de la norma establecida en el ordenamiento jurídico venezolano pues la efectividad de cualquier sistema de prevención o de represión, es decir, el sistema penal será nulo, pero por sobre todo infructuoso.
Por último, pero no por ser último menos importante, tenemos la cárcel como forma de control social. Estamos de acuerdo con que el mejor sistema penitenciario es aquel que no existe. La libertad es el bien más preciado del ser humano. Limitarlo de ella es limitar la capacidad del hombre para vivir en sociedad. Por ello sabemos del fracaso de la prisión en resocializar, prevención general o intimidación, retribución pura o correcionalismo. En tal sentido señala Aniyar de Castro (1989, 87): "El fracaso de los fines confesados de la prisión se mide por la reincidencia. La cifra mágica de un 20 ó 30 % de reincidencia después de la liberación se produce siempre". La cárcel no sirve para lo que debería servir, sino para otras cosas como la de producir delincuentes, procesos de despersonalización que se producen en la cárcel, técnicas de racionalización o de neutralización, que consolidarían la posición discordante, estigmatización y reproducción de la carrera criminal. La cárcel es fundamentalmente desocializadora.
Señala al respecto, Aniyar de Castro (1989, 88): "La cárcel serviría pues, en su principal función no declarada, para aglutinar y mostrar a quienes se les distribuyó, prioritariamente, a través de la selectividad de la Justicia, el bien negativo de la criminalidad".
Se sabe que la prisión no acaba con la delincuencia. No resocializa. Es simple y llanamente castigo a una conducta desviada. Más aún, es castigo para unos pocos, ya que el sistema selectivo tiene sus límites de capacidad operativa, y ya hay filtros poderosos de la llamada delincuencia real.
El tratamiento institucional poco sirve. Aduce Aniyar de Castro (1989, 89): "El tratamiento en sí mismo está seria y extensamente cuestionado desde el punto de vista ético, como veremos. Se trataría de una forma de manipulación de la persona, imponiéndole los valores institucionalizados de la cultura dominante. Para quien roba por profesión, o por necesidad, o para el delincuente de cuello blanco, el tratamiento reeducativo o resocializador no tiene ningún sentido".
Últimamente hemos visto la preocupación del Estado de por lo menos paliar esta situación de privación de libertad tratando de construir centros de reclusión adecuados. Vemos un claro ejemplo en la cárcel de Mérida, ubicada en San Juan de Lagunillas, en la cual no hay hacinamiento crítico. El Código Orgánico Procesal Penal acabó con él. El estilo de construcción es de módulos, enmarcada en las cárceles modernas.
Finalmente, hemos podido concluir, a través de esta breve investigación las razones por las cuales están presentes la ineficacia y la ineficiencia en el funcionamiento del control social formal en Venezuela.

Compilado de:
* Aniyar de Castro, L. (1989), Primer Taller Penitenciario Venezolano. Ediciones del Ministerio de Justicia. Caracas. Venezuela.
* Bergalli, R. (1980). La Ideología del Control Social Tradicional, Buenos Aires, pp. 805-818.
* Bustos Ramírez, J. (1980), Estado y Seguridad Ciudadana. Universidad Autonóma de Barcelona, España.
* Gabaldón, L.G. (1987), Control Social y Criminología. Caracas. Editorial Jurídica Venezolana.
* http://es.wikipedia.org/wiki/Responsabilidad_social (17/09/2007).
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